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fuente: perú21

Fuji-monte-cinismo

César Sánchez Lucero

Publicado: 2018-03-24

La corrupción está tan monopolizada en el Perú que son dos Fujimori quienes se disputan el mérito a la podredumbre y el cinismo. Sin embargo, si ahora mismo no frenamos a Keiko y Kenji, en las próximas elecciones presidenciales se repartirán el primer y segundo lugar. Es momento de librar a la política peruana de los fujimoristas. Keiko debe ir presa por Lava Jato, Kenyi por los "mamanivídeos" y el padre de ambos debe volver a la cárcel a cumplir su condena por asesino, dictador y ladrón. 

¿Por qué se repiten estas prácticas fujimontesinistas? Porque jamás se desarrollaron verdaderas políticas públicas por la memoria, reparación, lucha contra la corrupción, etcétera. Fujimori y Montesinos siguen siendo dos angelitos: el primero estabilizó económicamente el país y el segundo acabó con el terrorismo. Ambas, entre otras innumerables mentiras flagrantes a la luz de los hechos, se repiten desde los textos educativos hasta los medios de comunicación. Nadie nace siendo fujimontesinista, el fujimontesinismo recicla lo peor de la sociedad y convierte las instituciones en estercoleros públicos. 

Lo que más me preocupa no es lo que está pasando, sino que si se van todos (sean fujimoristas o no) vendrán otros más ineptos y corruptos (en el Perú siempre es posible). Hagamos un ejercicio fácil: ¿conoces políticos militantes de algún partido o movimiento de tu ciudad o región, decentes, creativos, sensibles y que tengan los recursos propios (más o menos medio millón de soles) para hacer campaña y no hipotecarse a terceros? Yo no. Entonces empecemos a ser realistas y a pedir lo imposible. 

(Artículo publicado en la columna República Kafkiana del Diario Correo de Chimbote el viernes 23 de marzo de 2018)

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Escrito por

César Alberto Sánchez Lucero

Lima, 1985. Escritor y gestor cultural, egresado del Programa de Gobernabilidad y Gerencia Política (PUPC), director de Cola de Lagartija.


Publicado en

República Kafkiana

Espacio dedicado a los absurdos reales que superan la ficción