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fuente: El Comercio

¿Es la cultura una "industria" en el Perú?

A propósito del Plan Nacional de Diversificación Productiva en el sector

Publicado: 2015-05-31

El Plan Nacional de Diversificación Productiva ha asumido el reto de crear nuevos motores para que la economía peruana continúe creciendo. Entre los aliados gubernamentales, ha tenido a bien coordinar con el Ministerio de Cultura para instalar una mesa de "industrias culturales", las cuales representan actualmente entre el 1,6% y 1,8% del PBI. En el documento oficial del Plan, la cultura aparece tímidamente en una línea: "Promoción de industrias culturales: audiovisual, editorial, música, artes escénicas". Sin embargo, la cultura debería ser el eje de la productividad nacional, puesto que su ejercicio está fundado en la creatividad e innovación, los cuales son insumos imprescindibles para desarrollar los demás sectores productivos.

No obstante, ¿existen realmente las "industrias culturales" en el Perú? ¿No serán esas cifras representadas en el PBI nacional solo la sumatoria de sectores dispersos entre sí que han logrado reunirse con tal de hacerlas calzar en el concepto? Para que la cultura sea realmente una "industria" en el Perú debe formalizarse como tal a través de la generación de empresas, la formulación de indicadores, el desarrollo de legislación normativa ad hoc y descentralizarse; una industria nacional no puede concentrar casi el total de su producción en una sola ciudad (la capital), necesita ampliar el mercado.

El Ministerio de Cultura debería promover las industrias culturales desde las Direcciones Desconcentradas de Cultura, que se encuentran en todas las regiones del país, las cuales desbordan creatividad. El Ministerio de Economía y Finanzas, por su parte, así como desarrolla el plan de incentivos Meta 27 (para la realización de un Plan Municipal del Libro y la Lectura), debe trabajar con los gobiernos locales para incentivar el diseño e implementación de políticas públicas que fomenten las industrias culturales y el financiamiento en infraestructura para el sector (se sabe, por ejemplo, que de 96 teatros, más del 50% se encuentran en Lima; en Chimbote y Nuevo Chimbote ninguno). 

Las instituciones educativas no pueden quedarse fuera. La formación teórica y práctica para el desarrollo del sector es primitiva o casi nula. ¿Cuántas ciudades en el Perú tienen una Escuela de Bellas Artes? ¿Cuántas universidades brindan la carrera de Gestión Cultural? ¿Cuántos centros culturales ofertan cursos en diseño de Proyectos Culturales? ¿Cuántas escuelas de postgrado dictan la especialización en Políticas Culturales?

En un país donde la mayoría de ciudades no cuentan ni con un registro de artistas y creadores, de bibliotecas, museos o teatros; en las que no existen diagnósticos culturales; donde no se conocen las potencialidades del sector; donde en los planes de desarrollo concertado la cultura es solo un sufijo de agricultura o acuicultura; donde los espacios para la comunicación cultural son mínimos o precarios; no se puede hablar de "industria cultural". 

En el interior del país, la gestión cultural es realizada por instituciones privadas y sobre todo por personas cuyo entusiasmo muchas veces justifica la pérdida de su inversión. No obstante, son pocas las provincias donde se desarrollan "procesos", en la mayoría de ellas solo se organizan eventos aislados unos de otros, sin presupuestos institucionalizados, que no son capaces de generar industria ni una economía sostenible para el sector. Es por eso que las políticas públicas son imprescindibles para llevar a cabo procesos culturales locales y nacionales, acciones por lo demás obligatorias consignadas en todos los documentos normativos y de gestión pública. 

La "economía naranja" (aquella que contribuye a la economía a través de la creatividad e innovación) necesita, además, que se generen industrias tan fuertes como la del turismo cultural o la exportación de conocimiento. No obstante, la productividad del sector no debe ser un objetivo per se, sino las consecuencias sociales que trae consigo una amplia oferta de bienes y servicios culturales de calidad para un real desarrollo del país, donde las problemáticas nacionales (corrupción, impunidad, inseguridad, desigualdad, exclusión, etcétera) sean abordadas reflexivamente y se genere el diálogo y entendimiento, única vía hacia una legislación y normativa que nos lleve al primer mundo, no solo en un ranking, sino en nuestra forma de convivir.

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Escrito por

César Alberto Sánchez Lucero

Lima, 1985. Escritor y gestor cultural, egresado del Programa de Gobernabilidad y Gerencia Política (PUPC), director de Cola de Lagartija.


Publicado en

República Kafkiana

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